Peru Criollo: NUEVA REVISTA VIRTUAL CRIOLLA GRATUITA
Hola amigos criollos
JUAN MOSTO DOMECQ
Con gran pena debo informarles que lo que con gran pompa se anunció luego de transmitido el programa televisivo Cuarto Poder de Canal 4, resultó un fiasco. Pues nada de eso ha cumplido el señor Alex Kouri Bumachar.
Apenas difundida la noticia de la difícil situación económica por la que estaba pasando nuestro compositor Juan Mosto, el presidente regional del Callao, como suele hacerlo en estos caso llenos de expectativas y cámaras de TV., saltó para decir que le daba un trabajo, una casa y colegio para si menor hija Guadalupe.
Nada de eso se ha hecho realidad. Todo ha sido un cuento político más. El tenor de la carta que el compositor le ha enviado al señor Kouri, demuestra que lo que aquí se dice es verdadero. Tengo en mi poder una copia de esa carta y tengo, también, copia de la carta respuesta, que no es sino una burla a la dignidad del compositor.
Según el tenor de la carta, entre otras cosas, el compositor le dice a Kouri, tras seis meses de trabajo impagos reclama se cumpla con abonarlos, luego: me dieron una casa, creo de propiedad de una empleada de la región callao, ubicada en una zona caliente “Boterin” en la que tuve intentos de asalto y del colegio para su niña nunca se le habló.
el trabajo sería en la oficina de imagen de la institución, pero la jefa señora Irene Sánchez, se dedicó a maltratarlo y arrinconarlo en un destartalado escritorio lleno de todo y de nada. no se le encomendó trabajos y por último, ante el atrevimiento de la carta notarial, se le impidió el ingreso a la región, sin que mediara ninguna explotación. Esta es parte del tenor de la carta de Juan.
No es posible que los políticos ávidos de aplausos maltraten a nuestros orgullos musicales y culturales.
Hasta cuando ganar aplausos para luego olvidar las promesas.
Jorge Luyo Yaya
Julio del 2008
jueves, 31 de julio de 2008
sábado, 26 de julio de 2008
Historia juvenil de Cañete
EPOCAS ESCOLARES EN CAÑETE
Historia juvenil cañetana Por: Jorge T. Luyo Yaya
Allá por los años 50s eran épocas alegres de colegio primario, Algunos compañeros que llegaban desde Hualcará, Montejato, El Uno, Roma, San Isidro, Quilmaná y otros lugares de los alrededores solían llegar sin zapatos y, no porque no los tuvieran, era, como decía en su canción el gran Nicola Di Bari, “he dejado (vendido) mis zapatos por un poco de libertad”.
Recuerdo cuando otros condiscípulos llegaban por el camino de tierra que atravesaba los potreros de la hacienda Hualcará. El colindante con Imperial fue Santa Rosa, hoy convertido en urbanización del mismo nombre. Al término de la “cortadera” y al salir a la caseta blanca de los Zegarra, en la misma pista que va a San Vicente, si, esa caseta donde vendían naranjas de la misma hacienda. En la acequia que cruzaba la primera cuadra de la calle Ramos a la entrada de Imperial y que llevaba un poco del agua venida de la gran acequia “Maria Angola”, los muchachos se lavaban los pies para ponerse los apretados zapatos.
Claro, quedaban apretados porque sus viejos los compraban el número que cada hijo le decía y del poco uso o por la costumbre del pie, de andar descalzo y libre, al momento de colocárselos se armaba tremenda lucha entre la punta del pie, el talón y el duro cuero del zapato.
Uff,…como apretaban. Apretaban tanto que al sol lo veían de cualquier color menos resplandeciente.
Yo veía como un amigo hualcarino luchaba con los zapatos y sus pies. Algunos le decían que tenía los pies cuadrados. A él, eso le hacia mucha gracia. Inclusive, decía que por andar sin zapatos las plantas de sus pies eran como una suela gruesa en la que ni las espinas de guarango entraban.
En tiempos en que la hacienda mandaba cortar las ramas del algodón para prenderle fuego para acabar con ellas, lo ocurría antes de que descubrieran que esas ramas secas mezcladas con melaza, podían ser un magnifico alimento para el ganado, los escolares encontrábamos un motivo para asar dulces camotes. En las piaras de los montones de ramas, los muchachos escarbábamos las cenizas y metíamos unos cuantos camotes para a la vuelta del colegio encontrarlos asados y con un sabor a miel. Algunas veces alguien nos madrugaba y se llevaba unos cuantos. Después de todo, era buena gente, pues dejaba algunos camotes para el dueño y autor del trabajo.
Escuela Primaria de Varones Nº 459 de Imperial, director Eladio B. Hurtado Vicente. Recuerdo su nombre porque hasta hoy guardo un certificado de conducta y aprovechamiento de la época. Estudié allí hasta el tercer año, para luego pasar al colegio de San Vicente.
La escuela quedaba entre la hoy municipalidad de Imperial y la iglesia de la Virgen del Carmen. Hoy no está más. Era una escuela con piso de tierra en el patio. Con un gran y peligroso silo o “poso ciego” como baño, sin puertas ni luz y menos agua. En el “patio de honor” se realizaban los días lunes la gran actuación de comienzo de semana. Participaba un salón por semana. Nos preparábamos con anticipación para cantar, recitar o contar chistes.
Recuerdo con mucho cariño a mi profesor Bazán y a Zoilo Candela (hualcarino), encargado por mi tutor para cuidar de mi aprovechamiento y conducta en el colegio y fuera de él. Siempre le sacaba la vuelta, pero fui un alumno regular, gracias a sus consejos y enseñanzas.
Escuela de Segundo grado de Varones Nº 451 de San Vicente de Cañete director: Luís López Ayala, a quien recuerdo por igual motivo que el anterior caso. Esta escuela quedaba entre la comisaría de San Vicente, la cárcel de Cañete y la maderera Chahuara, que hoy tampoco está. La modernidad ha dado paso a nuevas construcciones. El profesor Silva fue mi primer educador. Al año siguiente fue el profesor, (la memoria me es infiel en este caso) conocido como “el sapito” un excelente maestro, hombre muy recto y de impecable presencia. Luego me volvería a tener entre sus alumnos en el Instituto Comercial Bolívar, donde estudié la secundaria comercial.
El Bolívar era un instituto particular mixto de educación vespertina de 5 a 10 de la noche. Casi en su totalidad, los que estudiábamos allí éramos jóvenes que trabajábamos durante el día.
Empieza la época de la educación secundaria y paralela a ella, época de los primeros amores, el desencanto y la niña que ni siquiera nos pelaba, pero que, sin embargo, nos arrastraba por la calle de la amargura. Época de la ropa bien planchada, pelo engominado, zapatos brillantes y monedas en los bolsillos por si se ofrecía invitar un café, una gaseosa de Castillo o un helado de Imperial a la niña de nuestros sueños o, más bien, que no los quitaba.
Para los últimos meses del año era época de estudiar para los exámenes finales y se preparaba uno para ir a las afueras de San Vicente, por la carretera Panamericana Sur, al tranquilo lugar conocido como “El bosque”, que hoy a dado paso a una urbanización, al convento y al teatro donde se escenificaba la Pasión de Cristo. Ese bosque era la atracción estudiosa.
Nos juntábamos varios amigos y, libros en mano, nos encaminábamos al bosque. ¿El pretexto? Los exámenes finales. La realidad era, encontrar a la chica motivo de nuestros juveniles desvelos. Se conversaba, se reía, se jugaba; se enamoraba. ¿El estudio?, podía esperar. Ah, aquellos años. De ese tiempo hay muchas parejas o más bien matrimonios que hasta hoy permanecen unidos y con los hijos que comparten su felicidad. Otros, con los años, encontraron nuevos sueños y diferentes caminos.
La plaza de armas de San Vicente congregaba, en horas de la tarde, a grupos de muchachos y muchachas dando interminables vueltas. En una de esas vueltas se encontraba uno con la chica añorada. Ese, era el momento de encontrar el motivo para acercarse y entablar conversación. No siempre se tenía éxito, pero, joven al fin, se insistía hasta conseguir el triunfo o simplemente entender que la lucha era estéril.
Los domingos, con nuestros uniformes color caqui, eran días para las marchas militares en el estadio de la Hacienda Montalbán y las prácticas de tiro por el cerro Candela. Generalmente se marchaba con fusiles de madera hechos por nosotros mismo. Sólo cuando salíamos en caminata por el cerro Candela se hacían prácticas de tiro al blanco que era parte de la Instrucción Pre Militar (IPM). Luego del IPM, el hambre nos mataba y en patota nos dirigíamos al restaurante 2 de Mayo (cerca al restaurante del conocido Vicente “cabeza de chancho”), al costado del antiguo cine San Martín. Parecía que el lomito saltado nos estuviera esperando y presurosos dábamos cuenta inmediata de ese riquísimo plato.
Después de ello, cada uno tomaba su ruta rumbo a casa. Muchos a Imperial y sus alrededores. Había muchachos de Cerro Azul, San Luís, Cochahuasi y la Boca del Río. Otros de Unanue, Herbay Bajo y Alto. Regresábamos cada uno a su diaria realidad.
Estoy seguro que entre los lectores de esta historia habrá más de uno que recuerde estas épocas y se identifique conmigo. Si es así seguro estoy que ha visto pasar aquellos años y ha recordado esas hermosas épocas escolares, mataperradas y amores juveniles.
Historia juvenil cañetana Por: Jorge T. Luyo Yaya
Allá por los años 50s eran épocas alegres de colegio primario, Algunos compañeros que llegaban desde Hualcará, Montejato, El Uno, Roma, San Isidro, Quilmaná y otros lugares de los alrededores solían llegar sin zapatos y, no porque no los tuvieran, era, como decía en su canción el gran Nicola Di Bari, “he dejado (vendido) mis zapatos por un poco de libertad”.
Recuerdo cuando otros condiscípulos llegaban por el camino de tierra que atravesaba los potreros de la hacienda Hualcará. El colindante con Imperial fue Santa Rosa, hoy convertido en urbanización del mismo nombre. Al término de la “cortadera” y al salir a la caseta blanca de los Zegarra, en la misma pista que va a San Vicente, si, esa caseta donde vendían naranjas de la misma hacienda. En la acequia que cruzaba la primera cuadra de la calle Ramos a la entrada de Imperial y que llevaba un poco del agua venida de la gran acequia “Maria Angola”, los muchachos se lavaban los pies para ponerse los apretados zapatos.
Claro, quedaban apretados porque sus viejos los compraban el número que cada hijo le decía y del poco uso o por la costumbre del pie, de andar descalzo y libre, al momento de colocárselos se armaba tremenda lucha entre la punta del pie, el talón y el duro cuero del zapato.
Uff,…como apretaban. Apretaban tanto que al sol lo veían de cualquier color menos resplandeciente.
Yo veía como un amigo hualcarino luchaba con los zapatos y sus pies. Algunos le decían que tenía los pies cuadrados. A él, eso le hacia mucha gracia. Inclusive, decía que por andar sin zapatos las plantas de sus pies eran como una suela gruesa en la que ni las espinas de guarango entraban.
En tiempos en que la hacienda mandaba cortar las ramas del algodón para prenderle fuego para acabar con ellas, lo ocurría antes de que descubrieran que esas ramas secas mezcladas con melaza, podían ser un magnifico alimento para el ganado, los escolares encontrábamos un motivo para asar dulces camotes. En las piaras de los montones de ramas, los muchachos escarbábamos las cenizas y metíamos unos cuantos camotes para a la vuelta del colegio encontrarlos asados y con un sabor a miel. Algunas veces alguien nos madrugaba y se llevaba unos cuantos. Después de todo, era buena gente, pues dejaba algunos camotes para el dueño y autor del trabajo.
Escuela Primaria de Varones Nº 459 de Imperial, director Eladio B. Hurtado Vicente. Recuerdo su nombre porque hasta hoy guardo un certificado de conducta y aprovechamiento de la época. Estudié allí hasta el tercer año, para luego pasar al colegio de San Vicente.
La escuela quedaba entre la hoy municipalidad de Imperial y la iglesia de la Virgen del Carmen. Hoy no está más. Era una escuela con piso de tierra en el patio. Con un gran y peligroso silo o “poso ciego” como baño, sin puertas ni luz y menos agua. En el “patio de honor” se realizaban los días lunes la gran actuación de comienzo de semana. Participaba un salón por semana. Nos preparábamos con anticipación para cantar, recitar o contar chistes.
Recuerdo con mucho cariño a mi profesor Bazán y a Zoilo Candela (hualcarino), encargado por mi tutor para cuidar de mi aprovechamiento y conducta en el colegio y fuera de él. Siempre le sacaba la vuelta, pero fui un alumno regular, gracias a sus consejos y enseñanzas.
Escuela de Segundo grado de Varones Nº 451 de San Vicente de Cañete director: Luís López Ayala, a quien recuerdo por igual motivo que el anterior caso. Esta escuela quedaba entre la comisaría de San Vicente, la cárcel de Cañete y la maderera Chahuara, que hoy tampoco está. La modernidad ha dado paso a nuevas construcciones. El profesor Silva fue mi primer educador. Al año siguiente fue el profesor, (la memoria me es infiel en este caso) conocido como “el sapito” un excelente maestro, hombre muy recto y de impecable presencia. Luego me volvería a tener entre sus alumnos en el Instituto Comercial Bolívar, donde estudié la secundaria comercial.
El Bolívar era un instituto particular mixto de educación vespertina de 5 a 10 de la noche. Casi en su totalidad, los que estudiábamos allí éramos jóvenes que trabajábamos durante el día.
Empieza la época de la educación secundaria y paralela a ella, época de los primeros amores, el desencanto y la niña que ni siquiera nos pelaba, pero que, sin embargo, nos arrastraba por la calle de la amargura. Época de la ropa bien planchada, pelo engominado, zapatos brillantes y monedas en los bolsillos por si se ofrecía invitar un café, una gaseosa de Castillo o un helado de Imperial a la niña de nuestros sueños o, más bien, que no los quitaba.
Para los últimos meses del año era época de estudiar para los exámenes finales y se preparaba uno para ir a las afueras de San Vicente, por la carretera Panamericana Sur, al tranquilo lugar conocido como “El bosque”, que hoy a dado paso a una urbanización, al convento y al teatro donde se escenificaba la Pasión de Cristo. Ese bosque era la atracción estudiosa.
Nos juntábamos varios amigos y, libros en mano, nos encaminábamos al bosque. ¿El pretexto? Los exámenes finales. La realidad era, encontrar a la chica motivo de nuestros juveniles desvelos. Se conversaba, se reía, se jugaba; se enamoraba. ¿El estudio?, podía esperar. Ah, aquellos años. De ese tiempo hay muchas parejas o más bien matrimonios que hasta hoy permanecen unidos y con los hijos que comparten su felicidad. Otros, con los años, encontraron nuevos sueños y diferentes caminos.
La plaza de armas de San Vicente congregaba, en horas de la tarde, a grupos de muchachos y muchachas dando interminables vueltas. En una de esas vueltas se encontraba uno con la chica añorada. Ese, era el momento de encontrar el motivo para acercarse y entablar conversación. No siempre se tenía éxito, pero, joven al fin, se insistía hasta conseguir el triunfo o simplemente entender que la lucha era estéril.
Los domingos, con nuestros uniformes color caqui, eran días para las marchas militares en el estadio de la Hacienda Montalbán y las prácticas de tiro por el cerro Candela. Generalmente se marchaba con fusiles de madera hechos por nosotros mismo. Sólo cuando salíamos en caminata por el cerro Candela se hacían prácticas de tiro al blanco que era parte de la Instrucción Pre Militar (IPM). Luego del IPM, el hambre nos mataba y en patota nos dirigíamos al restaurante 2 de Mayo (cerca al restaurante del conocido Vicente “cabeza de chancho”), al costado del antiguo cine San Martín. Parecía que el lomito saltado nos estuviera esperando y presurosos dábamos cuenta inmediata de ese riquísimo plato.
Después de ello, cada uno tomaba su ruta rumbo a casa. Muchos a Imperial y sus alrededores. Había muchachos de Cerro Azul, San Luís, Cochahuasi y la Boca del Río. Otros de Unanue, Herbay Bajo y Alto. Regresábamos cada uno a su diaria realidad.
Estoy seguro que entre los lectores de esta historia habrá más de uno que recuerde estas épocas y se identifique conmigo. Si es así seguro estoy que ha visto pasar aquellos años y ha recordado esas hermosas épocas escolares, mataperradas y amores juveniles.
domingo, 13 de julio de 2008
domingo, 29 de junio de 2008
Al Dia Con Matices... Tu Mejor Opción...
Al Dia Con Matices... Tu Mejor Opción...
UN PERRO NEGRO con UNA LARGA CADENA
Por: Jorge Luyo Yaya*
Una juvenil historia cañetana
Una vez concluidos mis estudios en el. Colegio Primario Nacional de San Vicente, Centro Escolar, ubicado al lado de la antigua maderera Chahuara y que hoy ya no están, pase ha estudiar en el Instituto Comercial Bolívar, dirigida por el Sr. Shwarsz Zuloeta (creo que así se escribe), a la sazón, secretario del municipio de San Vicente. Eran los primeros años de la década de los 60s.
El horario era a partir de las 5 de la tarde hasta las 10 de la noche. Como vivía en Hualcará, los que estudiábamos en este centro de estudios de media comercial, habíamos contratado un auto cuyo chofer debía llevarnos a la escuela y recogernos en la plazuela San Martín (San Vicente), era una rutina diaria. Viajábamos apretados, pero todos en un mismo viaje. Los alumnos lucíamos nuestro uniforme caqui y las mujeres unos mandiles azules con ribetes celestes.
Mi condición de inquieto joven, hacía que algunas veces la movilidad volviera a la hacienda sin mí. El camino de la conocida “repartición” de Hualcará era largo y oscuro. A esa hora ya las luces de la hacienda se habían apagado. Algunas veces las tres señales que anunciaban el voluntario, pero obligatorio, apagón hacían que tenga que correr para llegar antes que la oscuridad cubriera toda la ranchería.
Sobre la oscuridad del camino había tejido una serie de cuentos sobre lo “pesado” de ese camino. Uno de ellos era que ha cierta hora solía aparecer un perro negro arrastrando una larga cadena. Sus aullidos eran lastimeros y atemorizantes, según contaban algunos de los que decían haber sufrido la “pesada” experiencia.
Yo traté, siempre, de ignorar esos cuentos, pues los consideraba eso mismo: cuentos. Los días que me quedaba, por charlar, generalmente con mis compañeras de clases, caballero, me bajaba en la entrada de la repartición. Algunos pasajeros, enterados de la tétrica historia, me hacían advertencias y otros daban consejos buenos para el susto. Pero, nunca fui sorprendido por el tan mentado perro negro.
Algunas veces, cuando me quedaba en el pueblo, me encontraba en el paradero con una compañera, la única en el nivel nocturno que, esperanzada, me esperaba para hacernos compañía en el pesado camino. De otra manera ella, que también era inquieta como yo, tomaba un taxi que la llevara hasta la misma puerta de su casa.
Un buen día, la hora se me había pasado, como casi era mi costumbre, y , caballero, empecé la larga caminata. Al llegar a la segunda acequia que separaba los potreros oí, por vez primera, el tan mentado aullido o, por lo menos, eso apreciaron mis asustados oídos. Me inmovilicé por un momento, mientras decidía si correr o quedarme paralizado, que ya no era por mi voluntad, sino una actitud propia de la tremenda sorpresa. No de susto, que caray.
En esos eternos segundos, me pareció ver los brillantes ojos del negro perro. Además, también, me pareció ver parte de la larga cadena que decían arrastraba el animal. Y ya casi cuando había decidido emprender veloz carrera escuché un murmullo o aullido, por lo menos eso es lo que me pareció, en medio de mi confusión.
Ya cuando estaba a punto de voltear, la sombra empezó a crecer tanto como mi asombro. Lo peor vino cuando la sombra emitió palabras. Lo más asombroso fue que esas palabras decían mi nombre. ¡¡Jorge, no te vayas, por favor!! ¡¿Qué?!
En esta parte, vi pasar mi vida en un segundo. Lo que parecía la sombra se acercó y agregó: ¡no te vayas, espérame. ¡¿Qué?!
Todo era oscuridad, ningún vehículo hacía su aparición. Ya a punto de, no de correr, sino de caerme a la tierra, escuché que me dijo la sombra: ¡Jorge, soy yo, Ana!
Efectivamente y ya calmado, era Ana, mi compañera de estudios y amiga, con su mandil azul, su lapicero que resplandecía en el pecho. “Me quedé y no tenía plata para el taxi, tu no llegabas y me atreví a tomar un colectivo a Imperial, me dejó en la repartición, pero caminé hasta aquí y ya no pude seguir caminando. Me dio miedo y me senté a llorar. ¡Gracias a Dios que te habías tardado más de la cuenta. Gracias, gracias” y, se abrazó a mi tembloroso cuerpo.
Pueden creer que desde ese día nunca más me quedé más de la hora y mucho menos perdí la movilidad. Pero, imagínense ponerse a llorar, precisamente, en el lugar donde decían que aparecía el perro negro con su larga cadena.
Jorge T. Luyo Yaya, Es un hualcarino, Periodista CPP, Corresponsal en el Perú de El Sol news de USA (Prensa Extranjera Nº 041 M. RR. EE. Perú)
UN PERRO NEGRO con UNA LARGA CADENA
Por: Jorge Luyo Yaya*
Una juvenil historia cañetana
Una vez concluidos mis estudios en el. Colegio Primario Nacional de San Vicente, Centro Escolar, ubicado al lado de la antigua maderera Chahuara y que hoy ya no están, pase ha estudiar en el Instituto Comercial Bolívar, dirigida por el Sr. Shwarsz Zuloeta (creo que así se escribe), a la sazón, secretario del municipio de San Vicente. Eran los primeros años de la década de los 60s.
El horario era a partir de las 5 de la tarde hasta las 10 de la noche. Como vivía en Hualcará, los que estudiábamos en este centro de estudios de media comercial, habíamos contratado un auto cuyo chofer debía llevarnos a la escuela y recogernos en la plazuela San Martín (San Vicente), era una rutina diaria. Viajábamos apretados, pero todos en un mismo viaje. Los alumnos lucíamos nuestro uniforme caqui y las mujeres unos mandiles azules con ribetes celestes.
Mi condición de inquieto joven, hacía que algunas veces la movilidad volviera a la hacienda sin mí. El camino de la conocida “repartición” de Hualcará era largo y oscuro. A esa hora ya las luces de la hacienda se habían apagado. Algunas veces las tres señales que anunciaban el voluntario, pero obligatorio, apagón hacían que tenga que correr para llegar antes que la oscuridad cubriera toda la ranchería.
Sobre la oscuridad del camino había tejido una serie de cuentos sobre lo “pesado” de ese camino. Uno de ellos era que ha cierta hora solía aparecer un perro negro arrastrando una larga cadena. Sus aullidos eran lastimeros y atemorizantes, según contaban algunos de los que decían haber sufrido la “pesada” experiencia.
Yo traté, siempre, de ignorar esos cuentos, pues los consideraba eso mismo: cuentos. Los días que me quedaba, por charlar, generalmente con mis compañeras de clases, caballero, me bajaba en la entrada de la repartición. Algunos pasajeros, enterados de la tétrica historia, me hacían advertencias y otros daban consejos buenos para el susto. Pero, nunca fui sorprendido por el tan mentado perro negro.
Algunas veces, cuando me quedaba en el pueblo, me encontraba en el paradero con una compañera, la única en el nivel nocturno que, esperanzada, me esperaba para hacernos compañía en el pesado camino. De otra manera ella, que también era inquieta como yo, tomaba un taxi que la llevara hasta la misma puerta de su casa.
Un buen día, la hora se me había pasado, como casi era mi costumbre, y , caballero, empecé la larga caminata. Al llegar a la segunda acequia que separaba los potreros oí, por vez primera, el tan mentado aullido o, por lo menos, eso apreciaron mis asustados oídos. Me inmovilicé por un momento, mientras decidía si correr o quedarme paralizado, que ya no era por mi voluntad, sino una actitud propia de la tremenda sorpresa. No de susto, que caray.
En esos eternos segundos, me pareció ver los brillantes ojos del negro perro. Además, también, me pareció ver parte de la larga cadena que decían arrastraba el animal. Y ya casi cuando había decidido emprender veloz carrera escuché un murmullo o aullido, por lo menos eso es lo que me pareció, en medio de mi confusión.
Ya cuando estaba a punto de voltear, la sombra empezó a crecer tanto como mi asombro. Lo peor vino cuando la sombra emitió palabras. Lo más asombroso fue que esas palabras decían mi nombre. ¡¡Jorge, no te vayas, por favor!! ¡¿Qué?!
En esta parte, vi pasar mi vida en un segundo. Lo que parecía la sombra se acercó y agregó: ¡no te vayas, espérame. ¡¿Qué?!
Todo era oscuridad, ningún vehículo hacía su aparición. Ya a punto de, no de correr, sino de caerme a la tierra, escuché que me dijo la sombra: ¡Jorge, soy yo, Ana!
Efectivamente y ya calmado, era Ana, mi compañera de estudios y amiga, con su mandil azul, su lapicero que resplandecía en el pecho. “Me quedé y no tenía plata para el taxi, tu no llegabas y me atreví a tomar un colectivo a Imperial, me dejó en la repartición, pero caminé hasta aquí y ya no pude seguir caminando. Me dio miedo y me senté a llorar. ¡Gracias a Dios que te habías tardado más de la cuenta. Gracias, gracias” y, se abrazó a mi tembloroso cuerpo.
Pueden creer que desde ese día nunca más me quedé más de la hora y mucho menos perdí la movilidad. Pero, imagínense ponerse a llorar, precisamente, en el lugar donde decían que aparecía el perro negro con su larga cadena.
Jorge T. Luyo Yaya, Es un hualcarino, Periodista CPP, Corresponsal en el Perú de El Sol news de USA (Prensa Extranjera Nº 041 M. RR. EE. Perú)
sábado, 28 de junio de 2008
UN PERRO NEGRO CON UNA LARGA CADENA...
UN PERRO NEGRO con UNA LARGA CADENA
Por: Jorge Luyo Yaya
Una juvenil historia cañetana (HUALCARINA)
Una vez concluidos mis estudios en el Colegio Primario Nacional de San Vicente, Centro Escolar, ubicado al lado de la antigua maderera Chahuara, que hoy ya no están, pasé ha estudiar en el Instituto Comercial Bolívar, dirigido por el Sr. Shwarsz Zuloeta (creo que así se escribe), a la sazón, secretario del municipio de San Vicente.
Eran los primeros años de la década de los 60s. El horario era a partir de las 5 de la tarde hasta las 10 de la noche. Como vivía en Hualcará, los que estudiábamos en este centro de estudios de media comercial, habíamos contratado un auto cuyo chofer debía llevarnos a la escuela y recogernos en la plazuela San Martín, era una rutina diaria. Viajábamos apretados, pero todos en un mismo viaje.
Los alumnos lucíamos nuestro uniforme caqui y las mujeres unos mandiles azules con ribetes celeste. Mi condición de inquieto joven, hacía que algunas veces la movilidad volviera a la hacienda sin mí. El camino de la conocida “repartición” de Hualcará era largo y oscuro.
A esa hora ya las luces de la hacienda se habían apagado. Algunas veces las tres señales que anunciaban el voluntario, pero obligatorio apagón, hacían que tenga que correr para llegar antes que la oscuridad cubriera toda la ranchería.
Sobre la oscuridad del camino habían tejido una serie de cuentos sobre lo “pesado” de ese camino. Uno de ellos era que a cierta hora solía aparecer un perro negro arrastrando una larga cadena. Sus aullidos eran lastimeros y atemorizantes, según contaban algunos que decían haber sufrido la “pesada” experiencia.
Yo traté, siempre, de ignorar esos cuentos, pues los consideraba eso mismo: cuentos. Los días que me quedaba, por charlar, generalmente con mis compañeras de clases, caballero me bajaba en la entrada de la repartición. Algunos pasajeros, enterados de la tétrica historia, me hacían advertencias y otros daban consejos buenos para el susto. Pero nunca fui sorprendido por el mentado perro negro.
Algunas veces cuando me quedaba en el pueblo, me encontraba en el paradero con una compañera, la única en el nivel nocturno que, esperanzada, me esperaba para hacernos compañía en el pesado camino. De otra manera ella tomaba un taxi que la llevara hasta la misma puerta de su casa.
Un buen día la hora se había pasado, como casi era mi costumbre, y empecé la larga caminata. Al llegar a la segunda acequia que separaba los potreros oí, por vez primera, el tan mentado aullido o por lo menos eso apreciaron mis asustados oídos.
Me paralicé por un momento, mientras decidía si correr o seguir paralizado, que ya no era por mi voluntad, sino propio de la tremenda sorpresa, pero no de susto, que caray.
En esos eternos segundos, me pareció ver los brillantes ojos del negro perro. Además, también, me pareció ver parte de la larga cadena que decían arrastraba el animal. Y ya casi cuando había decidido emprender veloz carrera escuché un murmullo o aullido, por lo menos eso es lo que me pareció, en medio de mi confusión.
Ya cuando estaba a punto de voltear, la sombra empezó a crecer tanto como mi asombro. Lo peor vino cuando la sombra emitió palabras. Lo más asombroso fue que esas palabras decían mi nombre. ¡¡Jorge, no te vayas, por favor!! ¡¿Qué?!
En esta parte, vi pasar mi vida en un segundo. Lo que parecía la sombra se acercó y agregó: ¡no te vayas, espérame. ¡¿Qué?!
Todo era oscuridad, ningún vehículo hacía su aparición.
Ya a punto de, no de correr, sino de caerme a la tierra, escuché que me dijo la sombra:
¡Jorge, Jorge, soy yo Ana!
Efectivamente y ya calmado, era Ana, con su mandil azul, su lapicero que resplandecía en el pecho. “Me quedé y no tenía plata para el taxi, tu no llegabas y me atreví a tomar un colectivo a Imperial, me dejó en la repartición, pero caminé hasta aquí y ya no pude seguir caminando. Me dio miedo y me senté a llorar.
¡Gracias a Dios que te habías tardado más de la cuenta. Gracias, gracias” y, se abrazó a mis tembloroso cuerpo y yo esforzandome por hacerme el fuerte.
Pueden creer que desde ese día, nunca más me quedé más de la hora y mucho menos perdí la movilidad. Pero, imagínense, ponerse a llorar, precisamente, en el lugar donde decían que aparecía el perro negro con su larga cadena.
lunes, 16 de junio de 2008
Inversión para Cañete... FORSUR
Hola paisanos
Aquí les adjunto una nota de prensa que me ha hecho llegar la oficina de prensa de FORSUR.
Espero, aun que sea de a poco, se levante Cañete. ¿Quien me puede dar noticias de mi Hualcará querido.
Jorge Luyo Yaya
Aquí les adjunto una nota de prensa que me ha hecho llegar la oficina de prensa de FORSUR.
Espero, aun que sea de a poco, se levante Cañete. ¿Quien me puede dar noticias de mi Hualcará querido.
Jorge Luyo Yaya
DIRECTORIO DE FORSUR APRUEBA PROYECTOS POR 90 MILLONES DE SOLES
El tercer directorio descentralizado del Fondo de Reconstrucción del Sur (FORSUR), que se realizó en la provincia de Cañete, Región Lima, aprobó un total de 70 proyectos que requieren un financiamiento de 90 millones de nuevos soles.
El presidente de FORSUR y ministro de Vivienda, Enrique Cornejo indicó que entre los proyectos emblemáticos aprobados se encuentra la construcción del Hospital Regional de Cañete. Asimismo, sostuvo que se han entregado un total de 181 bonos de 6 mil nuevos soles y falta la entrega de 385 bonos más con lo que se completaría los 566 bonos destinados a la reconstrucción de los damnificados.
Para Cañete se aprobaron ocho proyectos destinados a la reconstrucción de infraestructura de salud y de recuperación del sector productivo por 745 mil 193 nuevos soles. Siete de estos proyectos permitirán recuperar la capacidad de asistencia de centros de salud para los distritos de Quilmaná, Cerro Azul, Nuevo Imperial y San Luis por un monto total de 648 mil 511 nuevos soles. Estas obras serán ejecutadas por la Dirección de Red de Salud de Cañete – Yauyos y en algunos casos por la Dirección Regional de Salud de Lima.
En tanto que el octavo proyecto que se aprobó tiene el propósito de reconstruir la Bocatoma San Marcos y 50 metros del canal de riego en el caserío de Haugil del distrito de Pacarán. Esta obra será ejecutada por la Municipalidad Distrital de Pacarán y tendrá una inversión de 60 mil 682 nuevos soles
Ica
En el directorio de FORSUR presidido por Enrique Cornejo, se aprobaron 16 proyectos destinados a la rehabilitación de los sistemas de agua y saneamiento, reconstrucción de instituciones educativas y de centros de salud de la provincia de Ica por un monto de 15 millones 267 mil 66 nuevos soles. De este monto, 11 millones 986 mil
28 nuevos soles serán financiados con recursos de FORSUR y los 3 millones 281 mil 38 nuevos soles con recursos de la cooperación internacional.
En el caso de la recuperación del servicio de agua y saneamiento, se priorizaron siete proyectos por un monto de 6 millones 905 mil 460 nuevos soles que beneficiará al distrito de Ica. Entre los proyectos aprobados se encuentra la recuperación del sistema de abastecimiento de agua potable de la ciudad de Ica mediante Galerías Filtrantes, el mismo que beneficiará a más de 117 mil personas. Todos los proyectos tendrán como entidad ejecutora a la Empresa Municipal de Agua Potable y Alcantarillado de Ica - Emapica S.A.
También se priorizó la reconstrucción de infraestructura educativa por un monto de 4 millones 044 mil 697 nuevos soles. Seis de los proyectos aprobados, dos serán financiados por FORSUR (763 mil 659 nuevos soles), mientras que el resto de proyectos serán financiados con recursos de la cooperación internacional (3 millones 281 mil 38 nuevos soles). Estos proyectos se ejecutarán en los distritos de Pueblo Nuevo, Pachacutec, Santiago, Los Aquijes, Parcona y San José de los Molinos, siendo la entidad ejecutora la Municipalidad de Pueblo Nuevo, la Dirección Regional de Educación de Ica, DECAL (Desarrollo de Capacidades Locales), mientras que las cuatro restantes serán ejecutadas y financiadas por la Cruz Roja.
Asimismo fueron aprobados tres proyectos que permitirán la reconstrucción de los servicios de igual número de centros de salud en los distritos de Pachacutec, Pueblo Nuevo y Tate por 4 millones 316 mil 909 nuevos soles.
Pisco
El directorio aprobó para Pisco seis proyectos de reconstrucción de entidades educativas por un monto de 5 millones 888 mil 994 nuevos soles que permitirán recuperar la infraestructura educativa de los distritos de Humay y Pisco. Las entidades encargadas de la ejecución serán el Ministerio de Educación y la Cruz Roja.
Asimismo, se aprobó un proyecto que priorizará la construcción y equipamiento del Coliseo Deportivo La Esperanza de Pisco por un monto de 5 millones 300 mil nuevos soles, la obra que será ejecutada por el Instituto Peruano del Deporte forma parte de los Complejos Deportivos Educacionales que se instalarán en esta provincia y que contarán con un Centro Base de Recursos Educativos (CEBRE).
De igual modo se aprobaron 14 proyectos que beneficiarán al sector productivo de la provincia por un monto de 2 millones 219 mil 500 nuevos soles. Estos proyectos serán ejecutados por el Instituto de Recursos Naturales (INRENA) en la zona de Paracas, lugar considerado como uno de los atractivos turísticos de las Región Ica.
Castrovirreyna
En el caso de la provincia de Castrovirreyna se aprobaron siete proyectos para la rehabilitación de caminos para la mejora del transporte en los distritos de Aragua, Chupamarca, Castrovirreyna, Capillas, Huachos, Cocas y Arma. El financiamiento requerido para los mencionados proyectos es de 5 millones 818 mil 542 nuevos soles
Asimismo, se aprobó la reconstrucción e implementación de la Comisaría de Castrovirreyna por un monto de 639 mil
107 nuevos soles, infraestructura que fue dañada por el terremoto del 15 de agosto del año pasado.
Chincha
Para la provincia de Chincha se aprobaron tres proyectos de reconstrucción de infraestructura educativa en los distritos de Alto Larán, Grocio Prado y Sunampe por un monto de 2 mil 997 mil 158 nuevos soles. La ejecución de las obras que beneficiarán a mil 200 alumnos estarán a cargo de la Cruz Roja.
Asistieron al directorio el gerente general de FORSUR, Luis Hernández; los presidentes regionales de Ica y Lima, Rómulo Triveño y Nelson Chui; los representantes de la empresa privada de FORSUR, Saúl Yabar y Manuel Echegaray; los viceministros de Salud y Educación, Melitón Arce y Víctor Raúl Díaz Chavez y el vicepresidente de la Región Huancavelica, Alfredo Larrauri
El tercer directorio descentralizado del Fondo de Reconstrucción del Sur (FORSUR), que se realizó en la provincia de Cañete, Región Lima, aprobó un total de 70 proyectos que requieren un financiamiento de 90 millones de nuevos soles.
El presidente de FORSUR y ministro de Vivienda, Enrique Cornejo indicó que entre los proyectos emblemáticos aprobados se encuentra la construcción del Hospital Regional de Cañete. Asimismo, sostuvo que se han entregado un total de 181 bonos de 6 mil nuevos soles y falta la entrega de 385 bonos más con lo que se completaría los 566 bonos destinados a la reconstrucción de los damnificados.
Para Cañete se aprobaron ocho proyectos destinados a la reconstrucción de infraestructura de salud y de recuperación del sector productivo por 745 mil 193 nuevos soles. Siete de estos proyectos permitirán recuperar la capacidad de asistencia de centros de salud para los distritos de Quilmaná, Cerro Azul, Nuevo Imperial y San Luis por un monto total de 648 mil 511 nuevos soles. Estas obras serán ejecutadas por la Dirección de Red de Salud de Cañete – Yauyos y en algunos casos por la Dirección Regional de Salud de Lima.
En tanto que el octavo proyecto que se aprobó tiene el propósito de reconstruir la Bocatoma San Marcos y 50 metros del canal de riego en el caserío de Haugil del distrito de Pacarán. Esta obra será ejecutada por la Municipalidad Distrital de Pacarán y tendrá una inversión de 60 mil 682 nuevos soles
Ica
En el directorio de FORSUR presidido por Enrique Cornejo, se aprobaron 16 proyectos destinados a la rehabilitación de los sistemas de agua y saneamiento, reconstrucción de instituciones educativas y de centros de salud de la provincia de Ica por un monto de 15 millones 267 mil 66 nuevos soles. De este monto, 11 millones 986 mil
28 nuevos soles serán financiados con recursos de FORSUR y los 3 millones 281 mil 38 nuevos soles con recursos de la cooperación internacional.
En el caso de la recuperación del servicio de agua y saneamiento, se priorizaron siete proyectos por un monto de 6 millones 905 mil 460 nuevos soles que beneficiará al distrito de Ica. Entre los proyectos aprobados se encuentra la recuperación del sistema de abastecimiento de agua potable de la ciudad de Ica mediante Galerías Filtrantes, el mismo que beneficiará a más de 117 mil personas. Todos los proyectos tendrán como entidad ejecutora a la Empresa Municipal de Agua Potable y Alcantarillado de Ica - Emapica S.A.
También se priorizó la reconstrucción de infraestructura educativa por un monto de 4 millones 044 mil 697 nuevos soles. Seis de los proyectos aprobados, dos serán financiados por FORSUR (763 mil 659 nuevos soles), mientras que el resto de proyectos serán financiados con recursos de la cooperación internacional (3 millones 281 mil 38 nuevos soles). Estos proyectos se ejecutarán en los distritos de Pueblo Nuevo, Pachacutec, Santiago, Los Aquijes, Parcona y San José de los Molinos, siendo la entidad ejecutora la Municipalidad de Pueblo Nuevo, la Dirección Regional de Educación de Ica, DECAL (Desarrollo de Capacidades Locales), mientras que las cuatro restantes serán ejecutadas y financiadas por la Cruz Roja.
Asimismo fueron aprobados tres proyectos que permitirán la reconstrucción de los servicios de igual número de centros de salud en los distritos de Pachacutec, Pueblo Nuevo y Tate por 4 millones 316 mil 909 nuevos soles.
Pisco
El directorio aprobó para Pisco seis proyectos de reconstrucción de entidades educativas por un monto de 5 millones 888 mil 994 nuevos soles que permitirán recuperar la infraestructura educativa de los distritos de Humay y Pisco. Las entidades encargadas de la ejecución serán el Ministerio de Educación y la Cruz Roja.
Asimismo, se aprobó un proyecto que priorizará la construcción y equipamiento del Coliseo Deportivo La Esperanza de Pisco por un monto de 5 millones 300 mil nuevos soles, la obra que será ejecutada por el Instituto Peruano del Deporte forma parte de los Complejos Deportivos Educacionales que se instalarán en esta provincia y que contarán con un Centro Base de Recursos Educativos (CEBRE).
De igual modo se aprobaron 14 proyectos que beneficiarán al sector productivo de la provincia por un monto de 2 millones 219 mil 500 nuevos soles. Estos proyectos serán ejecutados por el Instituto de Recursos Naturales (INRENA) en la zona de Paracas, lugar considerado como uno de los atractivos turísticos de las Región Ica.
Castrovirreyna
En el caso de la provincia de Castrovirreyna se aprobaron siete proyectos para la rehabilitación de caminos para la mejora del transporte en los distritos de Aragua, Chupamarca, Castrovirreyna, Capillas, Huachos, Cocas y Arma. El financiamiento requerido para los mencionados proyectos es de 5 millones 818 mil 542 nuevos soles
Asimismo, se aprobó la reconstrucción e implementación de la Comisaría de Castrovirreyna por un monto de 639 mil
107 nuevos soles, infraestructura que fue dañada por el terremoto del 15 de agosto del año pasado.
Chincha
Para la provincia de Chincha se aprobaron tres proyectos de reconstrucción de infraestructura educativa en los distritos de Alto Larán, Grocio Prado y Sunampe por un monto de 2 mil 997 mil 158 nuevos soles. La ejecución de las obras que beneficiarán a mil 200 alumnos estarán a cargo de la Cruz Roja.
Asistieron al directorio el gerente general de FORSUR, Luis Hernández; los presidentes regionales de Ica y Lima, Rómulo Triveño y Nelson Chui; los representantes de la empresa privada de FORSUR, Saúl Yabar y Manuel Echegaray; los viceministros de Salud y Educación, Melitón Arce y Víctor Raúl Díaz Chavez y el vicepresidente de la Región Huancavelica, Alfredo Larrauri
Suscribirse a:
Entradas (Atom)